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RUTA 3: Ruta en bici del Camino de San Andrés de Teixido a su paso por el Ayuntamiento de Narón

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Esta ruta comienza en el Monasterio de San Martin de Juvia y recorre parte del trazado del antiguo camino de peregrinación a San Andrés de Teixido.
El primer lugar de interés artístico y cultural es el Monasterio de San Martin de Juvia, también llamado San Martin del Couto. Los orígenes de este cenobio posiblemente se remonten al siglo IV d.c., se habla de que entre los años 380 y 390 existía una ermita dedicada a la Santísima Virgen de las Nieves o de Santa María. Esta primitiva capilla se convirtió en iglesia, y comienza a servir de iglesia parroquial a principios del siglo VIII, continuando como tal iglesia parroquial del Couto hasta el año 1635, concretamente hasta el 1 de abril, fecha en la que, debido a su estado ruinoso, fue demolida  siendo sustituida por la parroquial de San Martin, templo que hasta entonces había sido monacal.
Algunos autores atribuyen la fundación del monasterio a un pequeño grupo de monjes portugueses que escaparon del monasterio de San Martiño de Dumio, que sufría los constantes ataques de los moros; encontrando en la ribera del río Juvia un lugar idóneo para instaurar un pequeño cenobio o casa monacal a lo que le dieron el nombre de San Martin en honor al antiguo cenobio que habían dejado en Portugal. Éste sería el nacimiento del monasterio de San Martin de Juvia, en el mismo lugar donde estaba emplazada la ermita dedicada a la Virgen de las Nieves.
Junto al monasterio, que está declarado monumento artístico nacional por el Ministerio de Cultura, se encuentra la iglesia de San Martin, su construcción data del siglo XII, comenzando la misma concretamente en el año 1137, si bien su fachada y la torre son del siglo XVIII.
La Iglesia de San Martin tiene una planta rectangular, con tres naves o espacios en su interior.
La puerta de acceso es de estilo románico  y se compone de dos arquivoltas determinadas por baquetones que arrancan desde el suelo. En el sentido de las arquivoltas remata la puerta románica con una decoración al exterior de cuadros y semicírculos refundidos o hincados en la misma piedra sucediendo lo mismo en la decoración de algunos ventanales.
La nave central está separada de las  laterales por pilares de planta cuadrada  con columnas. Esta nave central es más ancha que las laterales y en ella está el altar principal.
Los capiteles corresponden a diversos tipos y estilos, y en su mayor parte reproducen palmetas, hojas rizadas, trenzados, bolas, racimos, figuras antropomórficas y animales.
Las basas son muy variadas, y una parte de las mismas se encuentran hundidas en el pavimento, teniendo las más visibles los plintos con ajedrezado y sus ángulos decorados con bolas, garras o cabezas de carnero.
En su interior resulta especialmente interesante el conjunto funerario formado por el tumbal en forma de estatua de guerrero yacente que correspondió al sepulcro de don Rodrigo Esquío, los restos de don Gonzalo Esquío y la lápida mortuoria que figuró sobre la sepultura del caballero D. Pedro de Mourelle de Esquío y Mandiá, junto con el escudo de armas con los blasones de los Esquío y de los Mandiá conforman un conjunto de gran importancia por su valor histórico y artístico.
Destaca también el altar dedicado a San Benito, restaurado en el año 2006, por el hecho de que en el año 1745 el  Papa Benedicto XIV tuvo la delicadeza de concederle  INDULTO PERPETUO DE ALTAR PRIVILEGIADO, y a toda la iglesia conventual y parroquial de San Martin  el entonces importantísimo privilegio de ser considerada como IGLESIA DE REFUGIO, lo cual lleva anexo el derecho de Asilo.
Nuestro camino continúa cara el Molino de las Aceñas,  singular por ser el único molino de mareas que se conserva en nuestra comarca. Los molinos de mareas son aquellos que utilizan la fuerza de las mareas como energía motriz. Cuando hay marea llena, se inunda una cuenca de reserva para el molino, en el cual el agua queda retenida durante la marea baja, momento en el que las válvulas que regulan la salida de agua se abren y el agua retenida se vierte cara el mar, impulsando la rotación de la rueda del molino.
El molino de las Aceñas fue una de las principales fábricas de harinas de Galicia en el siglo XIX, cuando recibía el trigo desde Ucrania y América. Creado a finales del siglo XVIII, y promovido por una sociedad de empresarios gallegos y franceses, el edificio consta de represa, molino, vivienda, almacenes y casa de recreo adosada, todo rodeado por un muro de piedra. Esta Real Fábrica de harinas es una obra de grandes dimensiones, que permite la entrada de las mareas a través de una compuerta giratoria y embalsa más de 50.000 metros cúbicos de agua, energía suficiente para mover las grandes piedras moledoras de que dispone.
Nuestra siguiente parada los llevará al Castro de Sequeiro típico castro de interior, de planta ovalada, del que apenas se conservan restos de su línea defensiva.
Continuamos nuestro camino y llegamos al Pazo Libunca; su nombre proviene de un antiguo asentamiento “mítico”, llamado Libunca, que algunos autores sitúan en una zona entre la desembocadura del río Belelle y el río Juvia. Está situado en el lugar de la Venta, Parroquia de San Julián, en el Ayuntamiento de Narón.
Construido alrededor  del año 1922 el Pazo Libunca se erigió como una de las más importantes construcciones, de carácter privado, de estilo modernista-regionalista de su tiempo en nuestra comarca.
El autor del proyecto fue don Juan S. Roig, un prestigioso arquitecto catalán, que, la petición de la familia Montenegro, diseñó este espectacular edificio. La cerámica de Talavera que decora su exterior y el interior fue elaborada en el taller del Maestro Juan Ruíz de Luna.
Esta superficie de aproximadamente diez mil metros cuadrados, se encuentra perfectamente delimitada por un cierre que fue realizado mediante pilastras rematadas a dos aguas con tejas de Talavera de los mismos colores que las que se emplearon para el tejado de la edificación principal y la bodega del jardín,  combinadas con rejas realizadas en hierro fundido, elementos típicos de la arquitectura modernista. Decorando cada una de las pilastras encontramos unos azulejos de Talavera del mismo estilo que los que encontraremos en el edificio principal y en determinados elementos del jardín, a saber, dos fantásticas fuentes y un estanque que tiene el mismo tratamiento, en cuanto a decoración, que las anteriores.
El jardín posee una gran cantidad de especies de árboles tanto frutales como ornamentales, y palmeras que adornaron y en muchos casos siguen adornando esta superficie de enorme belleza. Nogal, castaño, cedro, manzano, limonero, naranjo, peral, avellano, claudio, ciprés, son algunos de los árboles que nos  encontramos, junto con diferentes especies florales como hortensias, adelfas, rosales, arbustos bajos, plantas trepadoras, etc. 
En la finca se encuentran dos edificaciones; la edificación principal fue diseñada como un inmueble destinado a vivienda de amplias dimensiones, y un edificio mucho más reducido  dedicado a almacén  o bodega en el que se guardaban aperos de labranza y otro tipo de material relacionado con el cuidado del jardín.
Actualmente observamos dos nuevas construcciones; una cocina y una carpa de estilo mucho más moderno.
En cuanto al interior del edificio destacan los techos altos, las  vidrieras, los zócalos de azulejo, los elementos de forja, maderas nobles, espacios amplios, terrazas, una espectacular galería y la combinación de elementos recuperados y adaptados de estilos anteriores.
Mención aparte merecen los zócalos que encontramos en el vestíbulo, en la recepción y en el tramo de las escaleras, son verdaderamente excepcionales. Todos los recursos decorativos con los que cuenta el maestro pintor aparecen representados, en mayor o menor medida en el conjunto de los azulejos del Pazo.
Llaman especialmente la atención las escenas de la vida cotidiana, representadas con un realismo tal que asemeja que se está observando una fotografía.
Dejando atrás el Pazo, el camino nos lleva por delante de las instalaciones de la antigua Estación de Radio de la Armada hoy en desuso, que ocupa unos 120.000 metros cuadrados repartidos entre los municipios de Narón y Valdoviño. El  siguiente punto de interés es la llamada “casa de las losas”, una construcción que llama la atención del visitante por la utilización de grandes losas de pizarra que forman parte de su arquitectura.
Poco antes de llegar al mirador del Monte Esperón encontramos la Fonte da Moura, bastante visitada en la antigüedad y a la que se atribuían propiedades anticonceptivas. Junto al Esperón, en el entorno del Monte de Nenos se pueden ver varios túmulos, alineados a los dos lados del Camino, con una antigüedad aproximada de 6000 años; este conjunto es conocido como Necrópolis del Monte de Nenos.
 En este punto dejamos el Camino de San Andrés de Teixido  y continuamos la ruta  llegando a Aldea Nova, un parque temático y educativo sobre el mundo rural en Galicia; muy cerca encontramos el Castro de Eiravedra; un típico castro de cumbre en el que todavía se observan sus líneas defensivas compuestas por dos líneas de muralla y un foso, y en el que se encuentran varias reconstrucciones a escala de las típicas viviendas castreñas.
Un castro es un asentamiento amurallado o fortificado. Este tipo de poblados  empezaron a habitarse alrededor del siglo VI  a de C hasta aproximadamente el siglo IV d de C. Se caracterizan por sus  pequeñas estructuras, casi todas de planta circular, por sus murallas y sus fosos.
En los primeros momentos las construcciones eran de paja y barro, después con el paso del tiempo se empezaron a emplear la piedra y la teja.
Los pueblos prerromanos, de origen celta o no, fueron sus primeros habitantes, pero tras la conquista romana, en el siglo I d. de C, se aprovecharon estos hermosos poblados.
La gente que vivía en los Castros se dedicaba la agricultura y a la ganadería; pero también practicaban la caza, la pesca y el marisqueo, así como la recogida de frutos (castañas, bellotas, y frutas de los árboles de los montes que rodeaban el poblado). Otra de sus actividades menos conocida era la minería.
Los habitantes de los Castros fabricaban sus útiles de trabajo en madera, piedra, hueso y metal; también fabricaban piezas de cerámica como platos y ollas, tejidos con los que hacían sus ropas, y con oro y otros metales preciosos diseñaban sus joyas.
La sociedad castreña estaba organizada en base a grupos familiares y de parentesco, y tenía una gran jerarquización. Existían relaciones con otros poblados de su entorno. Había un reparto del trabajo: las mujeres se ocupaban de las labores domésticas, del cuidado de la familia y de los animales, y también de varios trabajos relacionados con la tierra y la recolección de frutos. Los hombres se dedicaban a la caza, a la explotación y trabajo de los metales, a ciertos oficios artesanales, al comercio, y a la guerra, etc.
Resulta muy complicado asegurar en qué consistía la vida religiosa en los Castros. Sabemos que festejaban acontecimientos importantes para la vida cotidiana, como la llegada de la primavera o del verano; y que rendían cierto culto a los elementos de la naturaleza como el sol, la luna, las aguas, el rayo, y ciertos árboles, etc. También sabemos que utilizaban amuletos de diferentes formas relacionados con la naturaleza o la fecundidad entre otros.
Desde aquí podemos continuar el camino cara el apeadero de Sedes en el que podremos coger el tren que nos lleva de vuelta cara el casco urbano.
 

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