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RUTA 4: Ruta de los Caminos milenarios del Val en bici.

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Nuestro punto de partida es el Pazo Libunca; su nombre proviene de un antiguo asentamiento ”mítico”, llamado Libunca, que algunos autores sitúan en una zona entre la desembocadura del río Belelle y el río Juvia. Está situado en el lugar de la Venta, Parroquia de San Julián, en el Ayuntamiento de Narón.
Fue construido alrededor  del año 1922 como residencia de la familia Montenegro, erigiéndose cómo una de las más importantes construcciones de carácter privado y de estilo modernista-regionalista en nuestra comarca.
El autor del proyecto fue don Juan S. Roig, un arquitecto catalán. El prestigioso ceramista talaverano Juan Ruíz de Luna fue el encargado del diseño de los azulejos que decoran gran parte de la superficie interior y exterior del edificio y de sus jardines.
Esta superficie de aproximadamente diez mil metros cuadrados, se encuentra perfectamente delimitada por un cierre  realizado mediante pilastras rematadas a dos aguas con tejas de Talavera de las mismos colores que las que se emplearon para el tejado de la edificación principal y la bodega del jardín,  combinadas con rejas realizadas en hierro fundido, elementos típicos, de la arquitectura modernista.
Decorando cada una de las pilastras encontramos unos azulejos de Talavera del mismo estilo que los que encontraremos en el edificio principal y en determinados elementos del jardín, a saber, dos fantásticas fuentes, y un estanque que tiene el mismo tratamiento, en cuanto a la decoración, que las anteriores.
Techos altos, vidrieras, zócalos de azulejo, elementos de forja, maderas nobles, espacios amplios, terrazas, una espectacular galería y la combinación de elementos recuperados y adaptados de estilos anteriores son algunas de las características generales más sobresalientes de esta construcción.
El jardín posee una gran cantidad de especies de árboles tanto frutales como ornamentales, y palmeras que adornaron y en muchos casos siguen adornando esta superficie de enorme belleza. Nogal, castaño, cedro, manzano, limonero, naranjo, peral, avellano, claudio, ciprés, son algunas de los árboles que se encuentran junto con diferentes especies florales como hortensias, adelfas, rosales, arbustos bajos, plantas trepadoras, etc. 
En la finca se encuentran dos edificaciones; la edificación principal fue diseñada como un inmueble destinado la vivienda de amplias dimensiones; y un edificio mucho más reducido  dedicado a almacén  o bodega en el que se guardaban aperos de labranza y otro tipo de material relacionado con el cuidado del jardín.
En la actualidad observamos dos nuevas construcciones; una cocina y una carpa de estilo mucho más moderno.
Los zócalos que encontramos en el Pazo, en el vestíbulo, en la recepción y en el tramo de las escaleras, son verdaderamente excepcionales. Todos los recursos decorativos con los que cuenta el maestro pintor aparecen representados, en mayor o menor medida en el conjunto de los azulejos del Pazo.
Llaman especialmente la atención las escenas de la vida cotidiana, representadas con un realismo tal que asemeja que se está observando una fotografía.
Continuamos nuestro camino y llegamos la Mámoa de Santa Margarita.
Nuestra ruta nos lleva al lado de una de las casas medievales que se encuentran en nuestro Ayuntamiento. Las villas medievales eran pequeños núcleos rurales dependientes de un señor. Comprendían un territorio del que se abastecían y que era trabajado por campesinos que debían entregar parte de su producción al dueño de la villa en concepto de alquiler. Normalmente los señores vivían en las ciudades donde tenían sus negocios, desde allí manejaban el comercio que era su actividad principal, dejando para las villas las tareas de abastecimiento de productos de primera necesidad.
Nuestra siguiente parada es el castro de Quintá; en la actualidad el recinto se presenta bastante alterado. Se puede suponer que contaba con una única muralla defensiva que lo rodeaba perimetralmente. Es probable que su entrada original se situase en la cara noroeste. Es un castro típico de llanura.
El camino nos lleva a una nueva casa medieval, de planta rectangular  en la que se adivina la existencia de un horno interior. Destaca su puerta de entrada, con un dintel decorado con una estrella de David.
Continuamos hacia Pena de Embade; se dice que antiguamente había allí una piedra de abalar, utilizada en el pasado con fines adivinatorios o curativos. 
El recorrido nos lleva a Pena Molexa, de ella se dice que es la piedra con más leyendas por centímetro cuadrado de cuantas existen en el mundo. La Pena Molexa se encuentra en la Parroquia del Val, muy cerca del Castro de Vilasuso y de  Pena Lopesa.
La leyenda más conocida es la que nos habla de la presencia de una hermosísima moura: “cuentan que en algunas madrugadas de San Juan se puede encontrar en la pena molexa, peinando sus largos cabellos, una hermosísima moura que muestra al mortal un ajuar maravilloso: ollas llenas de monedas y joyas, collares y diademas, brazaletes, peines y tesoros, armas de antiguos guerreros y hasta una gallina con sus siete pollitos todos ellos de oro.
La moura invita al hombre a admirar su ajuar y luego le pide que elija, de entre todo cuanto ve, aquello que más le guste. El hombre acaba escogiendo alguna de las joyas que tiene delante de su vista, la que le parece que tiene un mayor valor. Entonces, en ese momento, se escucha a la moura llorar enfada por el egoísmo del hombre.
Después de escoger la joya, el hombre egoísta y ambicioso, ve cómo en sus propias manos la joya que escogió se convierte en carbón. Y es que la moura esperaba ser ella la joya elegida y así poder deshacer el hechizo. Al no ser la escogida desaparecerá llevando con ella el maravilloso tesoro. Hasta ahora ninguno de los hombres que la vieron la prefirieron al tesoro, por lo tanto ella sigue hechizada, esperando otra mañana de San Juan para aparecer de nuevo en la Pena Molexa.
Hay otras leyendas sobre la Pena Molexa como la que cuenta que la Pena Molexa y las otras rocas que están a su lado son un rey y sus guerreros convertidos en roca por un hechizo. En la noche del solsticio de verano, noche de San Juan,  se transforman en hombres y mujeres de nuevo para recordarle a la gente que siempre estarán ahí para guardar la tierra. Y cuentan que también esa noche el rey y sus hombres y mujeres recorren y vigilan los montes, visitan y protegen las casas, ademáis de cuidar a los viejos porque guardan nuestras tradiciones antiguas. Al acabar la noche se vuelven de piedra otra vez, y permanecen vigilando para guardar a Terra de Trasancos. 
Continuamos nuestro camino cara el Monasterio de Baltar; este edificio singular se encuentra en la parroquia de Santa María la Mayor  del Val.
El Pazo de Baltar comprende un conjunto de edificios de diversas épocas, siendo la construcción más antigua del siglo XVI.
Su fundador fue don Juan Pardo de Lago (o de Andrade) y Montenegro, que se casó con doña Catalina de Andrade.
Con el paso del tiempo este Pazo pasó a formar parte de las propiedades de la casa de los Marqueses de San Saturnino.
La última Marquesa de San Saturnino, doña María de la Natividad Quindós y Villarroel, no tuvo descendencia, donando el Pazo de Baltar a los padres misioneros del Sagrado Corazón de María, que en el año 1914 construyeron un monasterio nuevo sobre sus cimientos.
En la actualidad pertenece a los “Hermanos Claretianos”.
Los propietarios de este Pazo fueron vinculándose, casi exclusivamente a través de alianzas matrimoniales, con los apellidos más ilustres de la nobleza de la zona: los Lago, los Lanzós, los Tenreiro, los Pardo de Lama, los Maldonado, los Moscoso y un largo etcétera. Todos estos enlaces dejaron su huella en sus escudos de armas, dos de los cuales están representados en su fachada principal.
En el interior de la capilla existen dos monumentos funerarios ocupados por don Fernando de Andrade y su esposa doña Inés de Castro y Lanzós, fundadores del vínculo de San Saturnino, que fueron trasladados allí en el siglo XVIII por el Marqués de San Saturnino.
La única decoración que presentan estos sarcófagos son unos escudos en su lateral labrados en piedra de granito.
Otro elemento importante de este conjunto monumental es la fuente barroca que adorna su jardín, de enorme valor estilístico.
Acaba nuestro camino en Santa Margarita, donde podemos visitar la fuente, la capilla y el crucero; en primer lugar encontramos la fuente que posee dos caños; por uno de ellos mana el agua de Santa Margarita contra la magia y el mal parto, y por el otro la de Santa Lucía que cura los males de la vista. El frontón de esta fuente está decorado con la Cruz de Malta y a su lado existe una escalera de  piedra que sirve de acceso.
Dentro de este conjunto el elemento más llamativo es la capilla, que fue construida en el siglo XV siendo uno de los templos más antiguos del Ayuntamiento. Es una pequeña iglesia de planta rectangular  con una sola nave y presbiterio cubierto con bóveda de crucería. Destaca su puerta principal de acceso, datada del primer tercio del siglo XVI. En ella encontramos las armas de la casa de los Andrade (el jabalí  y la banda engolada con su leyenda “Ave Maria Gratia Plena”).
Continuamos hacia el crucero, uno de los elementos más significativos de la iconografía gallega, una cruz de  piedra que se encuentra normalmente en las encrucijadas de caminos, en los atrios de las iglesias, a la entrada de los pueblos y aldeas en las cumbres y en las riberas. Un crucero es un monumento de  piedra coronado por una cruz sobre un varal que se asienta sobre una base escalonada.  La altura del crucero puede llegar  a superar los cinco metros. La base y el varal a veces presentan motivos alegóricos extraídos de los relatos bíblicos. Los cruceros rememoran la crucifixión, santifican el lugar donde están colocados y combaten el mal. No son exclusivos de Galicia, pero sí están catalogados en nuestra comunidad más de 10.000. No conocemos cuál es su origen y todavía se discute sobre cuál es su significado.
Según algunas tradiciones, servirían para bendecir los caminos; otras los vinculan la rituales de sanación para eliminar los  males del cuerpo y del espíritu. En algunas comarcas eran el lugar de enterramiento de los niños no bautizados y los familiares dejaban marcas, cruces o iniciales grabadas en el varal o fuste.
El crucero de Santa Margarita es una obra de formas arcaicas, está elaborado en piedra de dunita y aparece colocado sobre una plataforma de un ejemplar  anterior. La imagen de Cristo tiene las piernas mutiladas, corona de espinas y un manto de pureza bastante aparatoso; la Virgen aparece representada con un amplio manto, está esculpida con bastante detalle y en postura frontal.
 

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